La frase de hoy: “Buen día Ingeñero”
Hace dos semanas partimos hablando de la discriminación, grave tara de nuestra sociedad y de cómo se refleja en nuestros lugares de trabajo. Y ocurre que hablar del problema es casi ir contra una institución boliviana, como hablar mal de la morenada. Hace tiempo, un amigo visitaba los terrenos en construcción de su empresa y hablaba con uno de los peones. Mientras estuvimos allí, éste le llamaba “ingeñero” (el amigo en cuestión es economista). Al salir, le pregunté por qué se hizo llamar de esa manera. La respuesta fue simple: “así nos dice a todos”. Sí, porque van con terno y corbata.
Otra arista del problema es el trato, desde desconsiderado hasta cruel, que llegan a merecer quienes trabajan en los últimos escalones de la cadena alimenticia de una empresa. En estos tiempos de búsqueda de equidad, parece que el dar un trato considerado al junior, al mensajero o al chico de la fotocopiadora es un pecado imperdonable para el lishenshado o ingeñero que se precie de ser tal. Por cierto, para quienes están de practicantes o pasantes en una empresa, sépanlo: sí, ustedes hacen el trabajo sucio. ¡Pero alguien tiene que hacerlo!
Recuerdo cuando, cierta vez, recibí el encargo de diseñar las tarjetas personales de la empresa donde entonces trabajaba. Esperando el sagrado sello de aprobación del Gerente General, las envíe a imprenta. Cuando llegaron, recibí una desagradable llamada por parte de mi superior: “Rechazadas”. “¿Por qué?”, le pregunté, “¿si usted mismo las firmó?” Me había olvidado poner su título: Ingeniero. “En tarjetas personales se pone el nombre y el cargo, nunca el título profesional”, le dije. “¡Ah, entonces para eso uno pasa sus años en la universidad!”, fue su agria respuesta. Las tarjetas se volvieron a enviar, pero no a mi costo. Unos meses después, ya fuera de la empresa, no pude evitar sonreír cuando supe que el hombrecito había falsificado su título de una universidad americana.
Mencioné también la anterior semana a un amigo que comenzó siendo mi asistente en la citada empresa. Sus empleadores le obligaban a llamarlos ingenieros, siendo solamente egresados de un instituto… hoy festejo que mi buen amigo esté terminando una maestría en el INCAE de Costa Rica, una de las mejores escuelas de negocios de América Latina. Y no veo la hora de que pase por la empresa para que se produzca este diálogo:
- Mirá pues… que es de tu vida, ya habías sido ingeniero…
- ¿Ingeniero? Master para vos.
Para terminar, cito una frase rescatada de la sabiduría del profe Xabier Azkargorta: “Profesionales hay muchos. Hombres, quedan poquísimos”.