La Frase de Hoy: “¡Qué Chiso!”
Hay palabras y frases que tienen su época. Alguien las populariza, se ponen de moda, bailan en la boca de la gente como si alguien tocase la Lambada, y poco a poco van desapareciendo, como la Lambada misma, para pasar a ser recuerdos, nada más. Quienes hayan disfrutado de los setentas recordarán la manía de decir que algo era “total” para darle un valor positivo. O en los ochenta, cuando algo bueno nos parecía “maldito”. ¿Alguien recuerda quién fue el primero en añadir el “ex” a los nombres de la gente? El Carlex, el Alvarex, el Zegadex…
De manera casual me encontré con la palabrita merodeadora de hoy. La dijo un amigo y fue como sacar una foto del álbum colegial, cuando las hormonas nos dominaban, salían gallitos en la voz, nacía pelo en lugares extraños y no-ser-niño-pero-ser-muy-macho era lo que importaba. Antes de seguir y por si alguien más joven está leyendo (gracias): Chiso era la forma más leve, chistosa y socialmente aceptada de referirse a alguien del otro equipo. “Me ha atendido un peluquero ¡y había sido chiso!”, te podían contar. “Ese que no vaya al campamento, es medio chiso”, podían decir de algún infortunado. “¡Yaaa, bien chiso!” le decían al ganador del concurso de reinas bufas. “Esos chisos se han corrido, no han querido jugar por litrera”, podía uno comentar de alguna salida a la canchita a buscar equipo. La palabra gay era por entonces un anglicismo oscuro y poco adecuado.
Palabras para describir tal condición nunca han faltado. Q’ewa en aymara, fag en inglés. Maricón, maraco, mariquita, rosquete, por mencionar algunas en español. Pero chiso guardaba su encanto. Tenía un nosequé que le daba su queseyó. Podías decirla en la mesa con tus padres, por ejemplo. Aparte, nadie se preguntaba de dónde había salido tal expresión. La respuesta más cercana se la escuché hace tiempo a un filósofo de farra en plaza: Habían unos bocaditos de maíz con queso que hacía la Savoy Snacks y se llamaban Cheese Twits. La gente los pedía – ¡y los sigue pidiendo! – como chisitos. “¿Ubicas?”, me decía el pseudo-sabio. “A los maricas les dicen chisos porque la tienen así de chiquitita, por eso”, me decía, usando el pulgar y el índice en el aire para demostrar el tamaño, mientras la audiencia masculina hacía una ayuda memoria mental de sus tamaños respectivos y más de uno pensaba “Pero no vale, está haciendo frío”.
Insisto: chiso tenía su encanto. Hasta podías usarlo como un insulto leve y no agresivo, sin que el aludido se ofenda. Y si te lo decían a ti, podías defenderte apelando a tu chispa más que a tu saña. Por ello, porque no la escuchaba hace tiempo y quién sabe, antes de que pase a la congeladora, le hago un espacio a la palabrita. No hacerlo sería muy chiso.
