Yo también soy cruceño
He vivido toda mi vida en La Paz. Supongo que irse por tres o seis meses no cuenta; es lo máximo que he podido alejarme del Illimani. Pero me siento muy cruceño, ¿saben por qué? Porque es un lugar que siento propio. Creo que es porque desde pequeño me dijeron “somos desde aquí hasta aquí, todo esto desde Chile hasta Brasil es tuyo”. Fui de pequeño a Santa Cruz y me encantó el calor, dormir con mosquitero, y la novedosa sensación de no tener un cerro, una subida o una bajada para ubicarme. Al poco tiempo salí por primera vez del país y creo que al estar en un lugar fuera de las fronteras se consolidó mi percepción: Santa Cruz era algo distinto, pero aún así era (es) mi país.
Fui incontables veces desde entonces. Me gustan los cuñapés, ir a la Casa del Camba, tomarme un somó en la esquina y ver que reinas y cunumis se esfuerzan en llamar tu atención; me gustó siempre ver lo distintos que somos, y siempre me desmoralizó encontrar las diferencias que nos separan. Tengo un amigo con el que disfrutamos intercambiando chistes de collas y cambas. Y aunque sé que somos diferentes en tantas cosas, siempre me dio gusto pensar que todo aquello tan distinto también es mío, es decir, nuestro. “Es que realmente es otro país”, me dice a veces quien va por ahí, y me da pena que esa persona no piense que ese “otro” también es su país.
Me siento camba también porque me identifico con lo que dice Don Alcides Parejas: los cruceños son bolivianos porque les da la gana. He perdido la cuenta de las personas que me han dicho que aproveche, que me vaya del país, que todo será mejor afuera. Un escritor dijo: “No nacemos con raíces, sino con piernas. Cada uno es de donde es, y cada uno puede sentirse de donde quiera”. Así que yo podría, en teoría, irme y buscar mejores horizontes. Como el millón de bolitas que viven en Buenos Aires, o los miles que cada día aumentan en España, quienes marcharon porque la barriga aprieta y no por decisión propia. Yo gracias a Dios pude elegir: mi país es este, y decido mantener mis derechos y obligaciones aquí, así como mi familia y mis amigos. Es decir, yo también soy boliviano porque me da la gana.
Hoy como nunca, dice Don Alcides Parejas, los cruceños se preguntan si los quieren como parte de esta Patria llamada Bolivia. Desde este humilde espacio, le respondo, Don Alcides, algo que usted ya sabe: Bolivia no se entendería sin Santa Cruz, porque un todo es más que la suma de sus partes y porque como usted ha resumido tan sabiamente en sus escritos, el oriente es parte esencial de nuestra conciencia de país. Le quiero decir que al pie de Illimani todavía habemos gente que aunque parezca romántico y cursi en estos tiempos, piensa en su país no como una mancha en el mapa, sino como algo que se siente.
No voté por el MAS, pero me alegré cuando ganaron por una sencilla razón: parecía que al fin los bolivianos nos podíamos poner de acuerdo en algo. Error. Qué lástima que la visión masista de Bolivia alcance sólo para el Kollasuyo. Pintoresca la chompita, lindo estar en primera plana de CNN por algo que no sea violencia, pero eso de tener un “traducidor” para que suavice los discursos, de hacer con la ley lo que les da la gana y de hacer no lo que se debe sino lo que se negocia, es algo contra lo que muchos bolivianos votamos y de lo que ya estábamos cansados. Y aquí lo tenemos, MAS de lo mismo o peor, porque este gobierno parece estarle diciendo al fin a Santa Cruz que no a todo, a los cruceños que no son bienvenidos a ser parte de Bolivia.
Soy mestizo tirado a blanco, así que supongo que si critico al gobierno seré tildado de racista, oligarca, colonialista y complotador neoliberal. Me da igual. Sólo espero que Santa Cruz tenga paciencia con este estrafalario gobierno que piensa que por ser mayoría, todos tenemos que pensar y actuar y marchar igual.
Me siento cruceño porque me siento boliviano. Y para ello no es necesario pensar en más párrafos; sólo hace falta sentirlo.
Sí, sí, ya sabemos. Han pasado 5 años del gran chancacazo talibán contra las torres. La historia cambió ese día, bla, bla bla.
31 de agosto, tengo supervisión de comerciales todo el día. De las noticias alcanzo a ver sólo los titulares. Y justo cuando me alistaba para salir, un noticiero muestra su última exclusiva con Don Raúl Riveros, el Chupa, alma y vida de la hinchada stronguista. Y me dicen que esta mañana partió para reunirse con Luisito Iriondo, Ramiro Castillo y los héroes de Viloco.