Cambio de blog!
Decía Frank Miller en su versión de Wolverine (o alguien así en algún otro buen libro): “No puedes cambiar tu destino, pero puedes pararte y luchar con dignidad”. O ir donde un astrólogo a que te cambie de Piscis a Libra. O si eres Piscis a Cáncer. O si eres Virgo, a quién sabe qué cosa…

Recuerdo muy bien el 10 de octubre de 1982. Yo tenía siete años y no entendía nada de lo que estaba pasando; era domingo y yo quería jugar al “Banco Imobiliário” con mis papás, que estaban pegados a la tele. A tanta insistencia, mi madre me dijo sólo que era un día muy importante y que debería prestar atención.
La fortuna hizo que poco tiempo después, mi padre pudiese trabajar en el Palacio de Gobierno. Recuerdo ver desde uno de los balcones a Don Hernán Siles pasando guardia a los Colorados, y haber entrado al Palacio a conocer el Salón de los Espejos poco antes del mediodía. A la distancia y a mi edad, un hombre al que una tropa de soldados se le cuadraba me infundía un profundo respeto.
Después vino la locura. Los billetes con cifras fabulosas, las carretillas con plata, esos 5.000 pesos que un día le preste un amigo para que a la semana parezca ridículo pedírselos. Al poco tiempo, ese hombre que tanto respeto me infundía salía del Palacio cabizbajo y derrotado por los mismos que lo habían elegido.
Bueno, pero ¿qué significa todo lo que vino después? la palabra “narcotráfico”, Don Víctor Paz, el 21060, Huanchaca, la banda de los cuatro, un tercero ungido presidente, la corrupción, los ríos de sangre cruzados con puentes de dólares, la capitalización, Bolivia en un Mundial, la recesión, el cambio de siglo, los familiares yéndose a España, la corrupción de la gente, de las autoridades, de nuestras mentes… y ese octubre, 21 años después, en el que cumplimos la mayoría de edad de la democracia con una fiesta de sangre y vergüenza negligente, como si no fuese tiempo suficiente para aprender y aplicar lecciones ni siquiera de democracia, sino de coherencia. ¡Esa maldita costumbre de perder la memoria cada que se acerca una elección! Aún tengo una apuesta con un amigo de que Goni podría venir 10 años después y hacernos creer que todo es una maravilla, si Carville lo vuelve a ayudar.
Y hoy, las promesas de cambio. Las máscaras sacadas de la división, los cucuruchos puestos del racismo, la mucha tolerancia con la estupidez y la poca tolerancia con nuestras propias diferencias, y el cuaderno en blanco en el que supuestamente vamos a comenzar a escribir todo de nuevo. ¿Qué no habíamos aprendido ya?
No conozco boliviano que no esté interesado en política. Y recuerdo haberlos conocido por montones. Será que mi círculo era más joven, pero antes decir “la política no me interesa” era práctica común. Ahora decirlo es casi un crimen; hemos sido consultados casi una vez por año en los últimos tiempos sobre los destinos de nuestras pampas. Gas, autonomía, constituyente, prefectos. Ahora que vivo en Cochabamba, creo que lo único que le agradezco a Goni es habernos salvado de la peligrosa estupidez del bombón.
Un cuarto de siglo es una vida. La vida va pasando y dicen que hay una sola. Alguien comparó cada segundo que tenemos con un centavo que gastamos y no volveremos a ver; y si bien no queremos -nadie quiere- una democracia barata y descartable, cada vez le vamos aumentando el precio a la forma de vida que hace 25 años tenemos.
La pregunta es: ¿esa es la forma en la que queremos vivir? ¿Y si no, entonces cuál?