Monday, August 21, 2006

La frase de hoy: “Perdimos, pero ganamos experiencia” (todo a medias)

Yo los molesto a mis amigos del Bolívar diciéndoles que el celeste es un color incompleto, de medias tintas, que no es azul - azul ni es blanco. Ellos me contestan diciendo que el Bolívar es celeste como el cielo de La Paz. En fin, si cuento todas las tomaduras de pelo que nos hacemos mutuamente, me excedo de la columna o me la censuran, porque a veces subimos mucho de tono. Lo que ocurre en la cancha queda en la cancha.

Pero entre chiste y chiste, rescato esa tradición tan boliviana como la salteña de quedarnos así, en medias tintas. ¿Qué nos dio a los bolivianos para siempre hacer todo a medias? Somos los campeones del medio logro. Cuando un equipo deportivo sale a competir al exterior, invariablemente declara que “quiere hacer un buen papel”. Claro, después el equipo sale cuarto o quinto entre seis, y aquí decimos que su actuación fue “importante”, “relevante”, u otro eufemismo más reciente, “para tomar en cuenta”. Hasta hubo un mediocre presidente de federación que calificó un séptimo puesto entre diez como “digno”. Recuerdo la dolorosa declaración de un director técnico (que por entonces tenía que enfrentar a nuestra selección) a la prensa de su país: “Bolivia te complica, pero nunca te gana”. Eso nos merecemos por andar siempre pensando en “hacer un buen papel”  y nunca pensar algo como “quisiera salir campeón, golear a todos y clasificar por capote”.

De igual manera, abundan los festejos por quien salió en el puesto 24 de entre 100. En verdad, son muy pocos los bolivianos que salen primeros - primeros en alguna rama. Más para colmo, cuando esto ocurre, ¡los chamaqueamos! Sí, pareciera que nadie tiene derecho a destacar o a ser el número uno en algo, sin que surja alguien diciendo “ah sí… mi vecino era, eso yo le he enseñado cuando estaba changuito”. Y pasa también que los destacados en nuestro país suelen ser bastante humildes; tal vez es porque en el fondo saben que son sólo humanos y alardear no les vale de nada en una sociedad que se niega a reconocer su mérito.

Un amigo antropólogo me dijo que el aymara tiene muchas formas de decir “no”, pero ninguna concluyente de decir que sí, con seguridad, como decía Don Lalo Lafaye.  No sé si será cierto, pero me acuerdo cuando le hablaba a un albañil que reparaba un tumbado en mi casa. “¿Va a estar para el viernes?”, le dije. Después de pensarlo, me respondió “Va a saber estar, estando”. ¿Eso es un sí? Porque no es un “no”, pero tampoco es una afirmación. ¿Entonces qué es? ¿Acaso llevamos la media tinta, el logro a medias, desde nuestra raíz cultural? Entretanto, como dice el Barón Pierre de Coubertin, fundador del Olimpismo, pensemos que lo importante no es ganar, sino participar.

 

 

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Tuesday, June 6, 2006

La Frase de Hoy: “¡Qué Chiso!”


Hay palabras y frases que tienen su época. Alguien las populariza, se ponen de moda, bailan en la boca de la gente como si alguien tocase la Lambada, y poco a poco van desapareciendo, como la Lambada misma, para pasar a ser recuerdos, nada más. Quienes hayan disfrutado de los setentas recordarán la manía de decir que algo era “total” para darle un valor positivo. O en los ochenta, cuando algo bueno nos parecía “maldito”. ¿Alguien recuerda quién fue el primero en añadir el “ex” a los nombres de la gente? El Carlex, el Alvarex, el Zegadex…

De manera casual me encontré con la palabrita merodeadora de hoy. La dijo un amigo y fue como sacar una foto del álbum colegial, cuando las hormonas nos dominaban, salían gallitos en la voz, nacía pelo en lugares extraños y no-ser-niño-pero-ser-muy-macho era lo que importaba. Antes de seguir y por si alguien más joven está leyendo (gracias): Chiso era la forma más leve, chistosa y socialmente aceptada de referirse a alguien del otro equipo. “Me ha atendido un peluquero ¡y había sido chiso!”, te podían contar. “Ese que no vaya al campamento, es medio chiso”, podían decir de algún infortunado. “¡Yaaa, bien chiso!” le decían al ganador del concurso de reinas bufas. “Esos chisos se han corrido, no han querido jugar por litrera”, podía uno comentar de alguna salida a la canchita a buscar equipo. La palabra gay era por entonces un anglicismo oscuro y poco adecuado.
   
Palabras para describir tal condición nunca han faltado. Q’ewa en aymara, fag en inglés. Maricón, maraco, mariquita, rosquete, por mencionar algunas en español. Pero chiso guardaba su encanto. Tenía un nosequé que le daba su queseyó. Podías decirla en la mesa con tus padres, por ejemplo. Aparte, nadie se preguntaba de dónde había salido tal expresión. La respuesta más cercana se la escuché hace tiempo a un filósofo de farra en plaza: Habían unos bocaditos de maíz con queso que hacía la Savoy Snacks y se llamaban Cheese Twits. La gente los pedía – ¡y los sigue pidiendo! – como chisitos. “¿Ubicas?”, me decía el pseudo-sabio. “A los maricas les dicen chisos porque la tienen así de chiquitita, por eso”, me decía, usando el pulgar y el índice en el aire para demostrar el tamaño, mientras la audiencia masculina hacía una ayuda memoria mental de sus tamaños respectivos y más de uno pensaba “Pero no vale, está haciendo frío”.

Insisto: chiso tenía su encanto. Hasta podías usarlo como un insulto leve y no agresivo, sin que el aludido se ofenda. Y si te lo decían a ti, podías defenderte apelando a tu chispa más que a tu saña. Por ello, porque no la escuchaba hace tiempo y quién sabe, antes de que pase a la congeladora, le hago un espacio a la palabrita. No hacerlo sería muy chiso.

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Wednesday, March 29, 2006

La frase de hoy: “Aquí entre nos”

El doctor salió de la sala y le dijo a la señora: “es traumatismo encéfalo craneano con contusiones en la región prefrontal y leve pérdida de tejido encefálico. Debe permanecer bajo observación”.
“Ah ya…”
“Eso sería doñita”.
“¿Y ahora qué hacemos doctor? ¿Se puede ir a la casa conmigo entonces?”
(Pausa dramática)
“¿Aquí entre nos señora…? Su marido está cagado.”

Estas tres mágicas palabritas son la clave para hacerse entender en cristiano. O bien, para decir en fácil lo que está en difícil. El problema es que a veces, simplemente, hay gente que no quiere hacer-se entender. Ya sea por darle vueltas al asunto, por abusar del lenguaje técnico (cualquiera sea la rama), o aquí entre nos, por hacerse a los capos, no hay voluntad de decir las cosas como son (no señores de Sprite, no les pienso pagar un mango por el uso de su slogan).

Aquí entre nos sirve para echar abajo murallas y acrecentar el entendimiento, así que diremos que tiene un fin noble: mejorar la comunicación. Se utiliza como preámbulo para entrar en confianza, para explicar más en detalle lo escrito o expuesto de manera “correcta”, que no siempre es la mejor entendida. El autor Brian Fugere, en su libro Why Business People Speak Like Idiots (Por qué los hombres de negocios hablan como idiotas), explica que hay muchas compañías en las que hay un jefe que, hablando como idiota, da una orden confusa y difícil de entender, y como resultado obtie-ne mil respuestas, todas igual de confusas y difíciles de entender, por parte de empleados que quie-ren hablar en difícil para “hacerse ver” por el jefe que no son ningunos idiotas. Al final, terminan todos siendo unos idiotas.

Te pondré un ejemplo aquí entre nos:
“Marketing dice que el impacto de entrada del último lanzamiento de la competencia puede haber sido el causante de la reducción del 16% en las ventas al detalle de nuestro key product, lo cual nos puede conducir en un plazo de 6 meses a una reducción sustancial de utilidades en nuestro core bu-siness si no mejoramos nuestros estándares de calidad o por lo menos los igualamos a los de la competencia”.

El mismo hombre, cuando se retira a tomar un café, lo agarra a su compañero de escritorio, quien estuvo en la reunión y no abrió la boca más que para decir “sí, sí”, “verdad, verdad”, y le dice: “Aquí entre nos hermano, o mejoramos el producto o nos van a reventar”. Esa es la clave y el cora-zón de esta frase: hacerse entender mejor, que repito, es un fin muy noble. Pensemos: ¿Qué hubiese pasado si alguien le explicaba así, en buen cristiano, a Don Hilarión Daza, que los chilenos habían invadido Antofagasta? ¿Habría suspendido el carnaval para sacar a las tropas antes?

Lenguaje técnico nunca dejará de haber. Tipos hechos a los capos tampoco. Pero siempre habrá un espacio para que nosotros, los de a pie, a lo mejor con un trago en la mano, digamos: “¿Aquí entre nos hermano? ¡No he entendido un carajo!”

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Friday, March 10, 2006

Frases Célebres de Personajes que no lo son Tanto

La frase de hoy: “De golpe”

Antes que el noble Chespirito exporte el endenantes al resto del continente, antes que Betty la Fea nos hiciera saber del “usted” colombiano y muchísimo antes de que mandásemos mails con attachments vía wireless, los bolivianos estábamos hablando “así nomás”, como si nada… y de golpe apareció la televisión y su influencia cultural. De golpe, oye.

Esta es la forma en la que expresamos lo que ocurre causándonos sorpresa, de un momento a otro y muchas veces, de manera inesperada. A lo largo de la historia, fueron muchas las ocasiones propicias para el uso de la frase. Napoleón Bonaparte, por ejemplo, quien de golpe se dio cuenta que había sido envenenado y cayó al piso, dándose un golpe justamente en su bona parte.

Cristóbal Colón (cuyo apellido también nos recuerda una bona parte) ya no podía contener a los amotinados de su tripulación cuando, de golpe, Rodrigo De Triana gritó “¡Tieeeeerra a la vista!” y descubrió América. De golpe, los españoles se hicieron ricos y los dueños de estas tierras pasaron a ya no serlo. El peor golpe se lo llevó Don Cristóbal, ya que después “su” continente pasó a llamarse América y no Cristobalia o algo así. En todo caso, América suena mejor. Don Cristóbal se llevó a Colombia de premio consuelo.

No olvidemos que, en nuestro país, hubo tiempo que no fue hermoso y no fuimos libres de verdad… una época terrible en la que andábamos de golpe en golpe. Subía un presidente al desayuno y ¡zas! de golpe (literalmente) subía otro para el almuerzo. Y de golpe teníamos nuevo gabinete, todos de uniforme, sin saber si eran de la naval, de la armada, de la aérea o de la Frigo.

De repente
es más clásico y más fino, pero de golpe es más criollo e impactante: “estaba en clases y de golpe ha sonado mi celular”. “He venido de golpe, estaba paseando nomás por aquí”. De golpe le da más tono, más sorpresa a la frase: “Me lo he comprado de golpe… estaba justo en oferta”.

Evidentemente, la frase suena mejor cuando describe una acción corporal: “Me estaba parando y de golpe me he mareado”. “¡De golpe me ha subido el trago!”, aunque su uso no se limita a acciones físicas. Hay una frase, incluso, que quiere hacerse campo a costa de la mencionada de hoy: “de la nada”. Pero sabemos que no es verdad. Sabemos que nada ocurre así nomás, aunque todo pasa por algo, nada ocurre de la nada. Y si ocurrió lo inesperado, sabemos que pasó de golpe.

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Wednesday, March 9, 2005

La frase de hoy: ¿Está el Lishenshado?

(Cultura laboral boliviana – Parte I)

Usted, que sabe de los problemas de la educación boliviana. Usted, que con todo esfuerzo ha sacado su título de profesional y lo ha validado en el Ministerio del área. Usted, que se hizo sacar fotos con la familia el día de la defensa de tesis, en la colación de grado, y con una farrita familiar festejó el acontecimiento… déjeme darle una mala noticia: todo eso no sirvió ni sirve DE NADA.

¿Sabe por qué? Porque he comprobado que en nuestro noble país, para poseer un título, sólo se necesita una prenda de vestir básica, simple y cuya ciencia es más fácil de asimilar que cualquier otra: una corbata.

Lo comprobé la única vez que utilicé nudo al cuello para reportarme a mi puesto de trabajo. Un noble ayudante que tenía me llamaba “ingeniero”, hasta que le pregunté por qué lo hacía. “Entons, ¿usted que es?”, me dijo. “Bueno… soy licenciado”, le respondí. “Ah ya, perdón lishenshado”, fue su respuesta.

A los pocos días, le pregunté su edad. Era casi la misma que la mía, así que le dije que me tuteara. Me miró como si realmente le estuviese pidiendo algo fuera de lugar.

Al día siguiente yo ya me sentía bastante incómodo, así que le hice un pedido: “Hermano, ¡me gusta mi gracia! Dime Martín nomás”. Su respuesta me dio qué pensar: “Uh no, ¡si me escuchan me botan! Una vez he tratado de hacer eso con el del lado y me ha dicho ‘para vos, ingeniero por favor’”.

¿Qué puedo decir? No es raro encontrar esta actitud de forma recurrente en las empresas, cuando un mensajero es enviado a realizar, por ejemplo, algún tipo de cobro. Lo cual nos transporta a otra frase, que de igual modo será motivo de la columna: “Que me espere”. Y mientras el mensajero, sacrificado y con varios encargos por cumplir espera al lishenshado en cuestión, éste juega un par de solitarios en su computadora o chatea con algún amigo, para hacerse esperar y de ese modo hacer sentir su lishenshado poder.

He aquí el reflejo de una de las más dolorosas realidades de nuestra sociedad: la discriminación. De ella seguiremos hablando dentro de dos semanas.

¿Yo? Bueno, defendí mi tesis hace tiempo. Y con orgullo muestro mi veintiúnica corbata, adornada con un Bart Simpson bajándose los pantalones. Ese es mi “título”.

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