La frase de hoy: “Perdimos, pero ganamos experiencia” (todo a medias)
Yo los molesto a mis amigos del Bolívar diciéndoles que el celeste es un color incompleto, de medias tintas, que no es azul - azul ni es blanco. Ellos me contestan diciendo que el Bolívar es celeste como el cielo de La Paz. En fin, si cuento todas las tomaduras de pelo que nos hacemos mutuamente, me excedo de la columna o me la censuran, porque a veces subimos mucho de tono. Lo que ocurre en la cancha queda en la cancha.
Pero entre chiste y chiste, rescato esa tradición tan boliviana como la salteña de quedarnos así, en medias tintas. ¿Qué nos dio a los bolivianos para siempre hacer todo a medias? Somos los campeones del medio logro. Cuando un equipo deportivo sale a competir al exterior, invariablemente declara que “quiere hacer un buen papel”. Claro, después el equipo sale cuarto o quinto entre seis, y aquí decimos que su actuación fue “importante”, “relevante”, u otro eufemismo más reciente, “para tomar en cuenta”. Hasta hubo un mediocre presidente de federación que calificó un séptimo puesto entre diez como “digno”. Recuerdo la dolorosa declaración de un director técnico (que por entonces tenía que enfrentar a nuestra selección) a la prensa de su país: “Bolivia te complica, pero nunca te gana”. Eso nos merecemos por andar siempre pensando en “hacer un buen papel” y nunca pensar algo como “quisiera salir campeón, golear a todos y clasificar por capote”.
De igual manera, abundan los festejos por quien salió en el puesto 24 de entre 100. En verdad, son muy pocos los bolivianos que salen primeros - primeros en alguna rama. Más para colmo, cuando esto ocurre, ¡los chamaqueamos! Sí, pareciera que nadie tiene derecho a destacar o a ser el número uno en algo, sin que surja alguien diciendo “ah sí… mi vecino era, eso yo le he enseñado cuando estaba changuito”. Y pasa también que los destacados en nuestro país suelen ser bastante humildes; tal vez es porque en el fondo saben que son sólo humanos y alardear no les vale de nada en una sociedad que se niega a reconocer su mérito.
Un amigo antropólogo me dijo que el aymara tiene muchas formas de decir “no”, pero ninguna concluyente de decir que sí, con seguridad, como decía Don Lalo Lafaye. No sé si será cierto, pero me acuerdo cuando le hablaba a un albañil que reparaba un tumbado en mi casa. “¿Va a estar para el viernes?”, le dije. Después de pensarlo, me respondió “Va a saber estar, estando”. ¿Eso es un sí? Porque no es un “no”, pero tampoco es una afirmación. ¿Entonces qué es? ¿Acaso llevamos la media tinta, el logro a medias, desde nuestra raíz cultural? Entretanto, como dice el Barón Pierre de Coubertin, fundador del Olimpismo, pensemos que lo importante no es ganar, sino participar.